El Casco Antiguo fue el sitio al que se trasladó Panamá la primera ciudad española a orillas del Océano Pacífico, después de ser atacada en 1671 por las huestes del pirata inglés Henry Morgan, quién ganó el título de Sir por tan infausta hazaña.
El imperio español, no podía prescindir de tan importante base estratégica y comercial en la parte más estrecha del continente, desde donde había conquistado imperios indígenas y desarrollado con éxito todo un proceso colonial. De manera que se trasladó la ciudad a una península resguardada por el mar en tres de sus partes y no contento con eso la rodeó de murallas. Nunca más los piratas osaron atacarla.
Allí en este sitio encomendado a San Felipe, durante siglos se fueron acrisolando en sus edificios, como un escritor graba en páginas en blanco, hechos de la historia. Los españoles dejaron una gran catedral, que en su momento fue el edificio más alto de Centroamérica y otras interesantes iglesias y conventos. Legaron una disposición urbana que toma como punto principal su Plaza Mayor desde donde giran calles a los cuatro puntos cardinales, siguiendo las pautas de un gran tablero de ajedrez.
La importancia de la ciudad crece a través de los siglos y después de la independencia de Panamá de España, en 1821, el Istmo se une a Colombia, cumpliendo ideales del Libertador Bolívar. La llegada de los norteamericanos y después de los franceses con la meta de excavar un canal interoceánico aportó nuevas tendencias arquitectónicas y corrientes migratorias de todas partes del mundo que le dieron un sabor muy singular, gestando el nacimiento de un país y el folclore de la ciudad y del viejo barrio.
Los balcones de sus edificios son verdaderas obras de arte por el artesonado de sus barandas. Fueron en una época sitio importante de estas viviendas pues sus habitantes los usaban para tertulias en horas vespertinas, para saludar a los transeúntes y para adornarlos con flores sobre todos de buganvillias, costumbre que todavía se aprecia.
El Barrio de San Felipe se convierte en la capital de la República de Panamá, cuando en el año de 1903 se separa de Colombia y acuerda un tratado con los Estados Unidos para terminar de excavar y construir a sus orillas, la "octava maravilla del mundo", el Canal de Panamá. Reafirmando el acierto histórico de la posición de esta ciudad. Para esa época edificios públicos con bellas estructuras neoclásicas agregan encanto y prestigio al lugar.